Julio de la Rosa mueve los hilos que conectan con el corazón

Concierto Julio de la Rosa

¿Sabes cuando llevas mucho tiempo esperando algo, cuando llega no sabes cómo va a resultar, pero al final supera todas tus expectativas? Pues eso me pasó el viernes con Julio de la Rosa. Llevo siguiéndolo una eternidad. Con sus canciones desde El Hombre Burbuja o Fantasma #3, hasta sus textos en Notodo y sus libros de relatos, que guardo desde la época de Myspace. Tengo pendiente su libro Peaje, pero ya llegará.

Ahora lo que importa es su último trabajo, Pequeños trastornos sin importancia, un conjunto de canciones tan redondas que te preguntas cómo es posible que un ser humano componga tan condenadamente bien y cada verso se te meta tan adentro. Las llevó a escena en solitario, aunque no le faltaron instrumentos, desde la guitarra a la melódica, sin olvidar el pedal para grabar loops y construirse una atmósfera propia que para qué quiere uno más músicos.

Él solo se basta y se sobra para mover los hilos que conectan directamente con el corazón y emocionarte tanto con la voz susurrada como con el grito desesperado. Hubo momentos tan íntimos que me daba miedo apretar el disparador de la cámara y hacer demasiado ruido. No digo nada ya cuando bajaba del escenario y se paseaba entre la gente guitarra en mano; me temblaba todo y era imposible apuntar. 

Concierto acústico

Y como además vino casi con un repertorio al gusto, de lo que menos me preocupé era de las fotografías. Decía que estaba improvisando, que si había alguna petición... Vivir de Fantasma #3 iba a ser difícil... ¿El anzuelo es muy típica ya? Al final ni me importó que no sonase porque nos regaló una noche mágica, con la dulce voz de Helena Goch como introducción y con su intermedio y todo. La conclusión es que a Julio de la Rosa no se le puede medio amar, se le quiere entero. Es un Gigante.

Sería por el calor de la copa que te regalaban al entrar o por el entorno íntimo de la azotea, pero la amiga que me acompañaba me animó para acercarnos a Julio al terminar el concierto, con el reparo que me dan a mi esas cosas. "Es para darle las gracias por el concierto, que nos ha gustado mucho", porque ella, que no lo conocía, acabó enamorada. Y no sabe cómo la entiendo. Salimos del concierto con ganas de saber cuándo sería la próxima cita...

Hacía un siglo que no compraba una entrada porque siempre voy acreditada para trabajar. La sensación es que también hacía mucho tiempo que no invertía tan bien mi dinero. Gracias a Life the Roof –que por fin me estrené en el ciclo– por esta gran experiencia.

Por cierto, pocos discos reseño yo para Crazyminds, pero éste me lo pedí –somos muchos redactores, hay que pedírselo– y así reflejé la montaña rusa del desamor de Pequeños trastornos sin importancia, si quieres echarlo un ojo. Recomendadísimo.





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