Ojeando 2013: un viernes de la aurora al lejano oeste


Un año más, me escapé al festival Ojeando. Iván Ferreiro, Hola a Todo El Mundo, Jero Romero, Miss Caffeina, Izal, Supersubmarina... y todo un pueblo volcado en recibir a sus fans. Entradas agotadas, 2000 abonos vendidos y esto fue lo que pasó en la primera jornada (5 de julio). Así lo conté para Crazyminds.es:

Llega julio y, con él, una de sus primeras citas festivaleras: el Ojeando. Una cita imperdible en un pueblo blanco lleno de actividades, también para los más pequeños, y de distintos escenarios en los que se mezclan las propuestas más nuevas con las de largo recorrido. Puestos de gazpacho o de mojito, de patatas asadas. Acampada y piscina. Y personas convertidas en pulseras de colores: la roja es el abono, la amarilla para el viernes, la morada para el sábado y la verde la del camping. Luego estaba la prensa, que parecía que las coleccionábamos, y que se agarraba a su acreditación como buenamente podía: con clips, imperdibles o cordones de silbatos de juguete –esta última fue mi elección– . Aunque la realmente poderosa era la pulsera blanca, la de backstage, pero no vi ninguna. 

Segundo año que las actuaciones del escenario patio son de pago, primero para mi, ya que el año pasado no pude asistir. Decidida a meterme de cabeza en esta "nueva versión" del festival, preparé la mochila y elegí la opción del camping. Me esperaban Iván Ferreiro, Jero Romero, Corizonas, Hola a todo el mundo... pero también una lista de 150 tiendas de campaña esperando su lugar donde sólo había espacio para 90. No importa, ya estamos aquí. Agua, sombra y paciencia. Cinco horas y 153 números después, un bañito en la piscina y a prepararse para la noche. Los granadinos Aurora abrieron el viernes puntuales y encantados, o más bien alucinados, por tocar en Málaga ante tanta gente y con tan buena respuesta. Público que aplaudía con ganas, se sabía las canciones y gritaba guapos a sus miembros. Por cierto, el "¡Quiero un hijo tuyo!" sigue vigente entre las nuevas generaciones. Géminis sonó como sólo un grupo de Granada sabe hacerlo.

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Cambio de escenario y turno de Hola a Todo el Mundo. No es una banda a la que haya escuchado en exceso y no porque no me gusten, simplemente no terminan de engancharme. Llegaron con juegos de luces y sonidos llenos de texturas que encandilaron a los fans, aunque algunos criticaran el repertorio poco festivalero que habían elegido para la ocasión. Quien sí que pareció disfrutarlo sin dudas fue Cristina Rosenvinge. La cantante parece haberle cogido el gusto al festival: hace un par de años la vimos en un lateral del escenario acompañando a Nacho Vegas y este año se ha acercado hasta el backstage para ver y saludar a HATEM. Yo esperaré a pillarles en una sala para apreciarlos mejor. 

Mis apuestas para un viernes redondo eran los directos de Izal y Corizonas. Y ninguno falló. De la fuerza de Izal ya no quedan dudas. Si no los habéis visto en directo aún, los veréis porque no hay festival que no pisen este año. Y si lo habéis hecho, ya sabréis de qué hablo. Transmiten, tienen rollo, se lo pasan bien en el escenario y eso llega a la gente. Repertorio para bailar, saltar y emocionarse. Para aplaudir y corear como Magia y efectos especiales o La mujer de verde, tema que Mikel dedicó a todos los que esa noche llevaban camiseta verde. Aunque los mejores detalles de esta banda no están sobre el escenario si no una vez que bajan de él. Durante el concierto de Supersubmarina tuvieron el detalle de salir y repartir su cátering con el público. 

A Supersubmarina el sonido no les hizo ningún favor, aunque eso no le importara a todos los adolescentes que hacían cola desde la tarde a las puertas del escenario patio. Sí, señores, había cola, algo que no recuerdo haber visto nunca en el festival. Pero me dicen quienes asistieron el año pasado que los pioneros en provocar estas aglomeraciones fueron Love of Lesbian. Que se formen estas colas cuando el festival pasa a ser en parte de pago y no cuando es de acceso libre supongo que es indicativo de lo bien que se va posicionando el Ojeando según pasan las ediciones. Supersubmarina contó con el apoyo de sus incondicionales y el cambio que han experimentado desde hace dos años –cuando visitaron por última vez el festival– para acá se ha notado. Sin embargo, personalmente me empiezan a sonar a más de lo mismo, con un repertorio largo en el que quisieron encajar todas las canciones posibles en una hora y que tuvo varios amagos de acabar pero no lo hizo.

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A lo mejor es que tenía muchas ganas de Corizonas, para qué voy a mentir. Ya los he visto antes en acción, pero es inevitable: si te han gustado, repites. Corizonas son un auténtico espectáculo que consiguió enganchar hasta a los más jóvenes. Y es que el carisma de Javier Vielba como predicador es incuestionable. Parroquia puesta en pie pasadas las 3 de la madrugada para cantar a coro Piangi con me y viajar al lejano y surfero Oeste con sus proyecciones. Vielba arrancaba el concierto hipnotizado por el theremin. Lo que no supimos hasta el final es que en realidad los hipnotizados éramos nosotros por la magia de Corizonas. El cierre lo puso en la pista de baile el dúo Disco Mordisco, aunque para entonces iba yo ya cuesta arriba camino del camping. ¿Perdí la oportunidad de verlos? Pues no, pero eso os lo cuento en la crónica del sábado que viene hasta con pool party...


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